En la última década, los wearables se han asociado intrínsicamente al cuidado de la salud y el deporte. Y aunque en 2025 podemos hacer la misma asociación, hay un número creciente de empresas y dispositivos que se han empeñado en virarlos para convertir los wearables en vehículos para la IA. Los líderes de algunas de las principales big tech ya han vislumbrado el fin del móvil y entre las opciones (en la práctica, todavía muy verdes) aparecen estos wearables con IA que a día de hoy son más bien un complemento.
En busca del nuevo iPhone. En cualquier caso, la industria lleva casi dos décadas buscando un hardware de masas después del smartphone. Las gafas parecen partir por ventaja, pero las iniciativas son muchas y de lo más variopintas. En cualquier caso, ya no es solo convertirse en el formato ganador, es materializar un dispositivo que cubre unas necesidades todavía por definir y donde el smartphone ha puesto un techo muy alto. De hecho, los smartwatches no han estado cerca de hacerle sombra.
Las gafas con IA parten con ventaja. Desde luego, son las mejor posicionadas. En el pasado CES 2025 vimos gafas 'inteligentes' (aunque esa semántica propia de la era de las fallidas Google Glass se ha desterrado ya en favor del apellido 'con IA') hasta en la sopa con la promesa de experiencias inmersivas y manos libres, pero Meta es quien mejor ha aterrizado y vendido su producto. Tiene todo el sentido: el propio Mark Zuckerberg ha afirmado que cree que las gafas son el formato ideal para la IA. Y para Meta, la IA es su nuevo Multiverso.
Al fin y al cabo como hemos podido comprobar, las gafas son una forma discreta y conveniente hacia la multimodalidad: visual, a través de sus lentes; y oral, con sus micrófonos y altavoces integrados. Pero da igual que hablemos de las gafas de Meta o las de Google, las nuevas gafas inteligentes ya no parecen un armatoste, están diseñadas para llevarlas todo el día y su razón de ser es interactuar con la IA.
Colgantes, pines y todo lo demás. En este cajón de sastre entran otros gadgets que te acompañan durante todo el día para escuchar constantemente: desde la pulsera Bee AI a los colgantes LimitLess o Friend pasando por el anillo Stream Ring o la difícil de describir Plaud NotePin: parece la cápsula de las pulseras de Xiaomi y como tal, lo mismo se puede llevar en la muñeca, en el cuello y hasta como un pin de mal gusto. Estas iniciativas no han pasado desapercibidas para las grandes, que han movido ficha abriendo la cartera: a Bee AI la compró Amazon en verano y LimitLess hizo lo propio Meta hace escasas semanas.
Los viejos conocidos. La IA también se está integrando en dispositivos que ya existían: Samsung y Google han puesto Gemini a sus relojes con WearOS, Garmin tiene una suscripción premium de análisis con IA para sus relojes, Fitbit está probando un entrenador con IA, lo mismo que hace Apple con sus Watch o la traducción con IA en los AirPods. Hasta los anillos Oura tienen su advisor con IA.
Every breath you take... Mencionábamos más arriba que las gafas con IA han nacido para llevarlas puestas todo el día, algo extrapolable al grueso de los dispositivos que hemos ido listando. Para que los asistentes de IA funcionen bien y ofrezcan un extra sobre el móvil, necesitan saber muchísimo sobre el usuario y no hay mejor forma de hacerlo que en un wearable que está contigo 24/7. Inquietante pero cierto.
En este terreno hay incógnitas como qué formato tendrá éxito y si este tendrá tanto éxito o más como el smartphone (incluso, de enterrarlo), pero sí dos hechos incuestionables: que hay una guerra por tener la IA hegemónica entre las big tech y que la industria ha visto en los wearables el vehículo ideal para implementarla.
