Samsung lleva años construyendo una estrategia propia en televisores premium basada en evitar el OLED tradicional y explorar caminos alternativos. Primero fue QLED, después Mini LED y, más recientemente y casi a regañadientes, QD-OLED.
En el CES 2026 que ya ha dado su pistoletazo de salida, la firma surcoreana ha sumado un nuevo hito a esa hoja de ruta con la presentación de su primer televisor Micro RGB de 130 pulgadas, una tecnología que no es OLED, tampoco MicroLED, pero que busca diferenciarse llevando el color directamente a la fuente de luz.
La propuesta de Samsung no trata solo de un nuevo tipo de panel, sino de un movimiento estratégico para ampliar diferenciar su catálogo de televisores premium más allá del OLED, en un momento en el que buena parte de la industria está convergiendo en soluciones muy similares.
En los televisores LCD actuales, incluso en los Mini LED más avanzados, la retroiluminación se basa en una serie de LEDs blancos o azules dispuestos en una matriz situada tras un panel LCD en los que se combinan distintos filtros de color. La tecnología Micro RGB rompe con ese enfoque al cambiar esos LEDs de luz blanca o azul por una matriz de micro-LEDs que emiten directamente los rojos, verdes y azules de forma independiente, cada uno de ellos con un tamaño inferior a 100 micrómetros.
Es decir, el color ya no se genera al filtrar y descomponer la luz blanca, sino que se emite directamente desde diminutas bombillas RGB situadas en el panel. Esto reduce las pérdidas de intensidad de luz, mejora la pureza de los colores y permite un control mucho más preciso de la luz por zonas, aunque la imagen siga pasando por un panel LCD convencional.
El resultado es un volumen de color muy superior al de los LCD tradicionales (Samsung asegura que ofrece una cobertura completa del espacio BT.2020 que se utiliza en la industria cinematográfica), y una capacidad de brillo superior al que ofrecen los OLED, que sigue siendo uno de los puntos fuertes del LCD frente a las tecnologías orgánicas.
La comparación entre el Micro RGB y el OLED (en cualquiera de sus variantes) es inevitable, sobre todo porque Samsung ya comercializa televisores QD-OLED como los S95F. En este punto, la diferencia no es tanto de calidad visual como de enfoque tecnológico.
OLED y QD-OLED son tecnologías de paneles autoemisivos, capaces de apagar cada píxel de forma individual. Eso garantiza negros absolutos, contraste extremo y una uniformidad difícil de igualar porque el nivel de control sobre la iluminación es mucho más preciso.
Micro RGB, al continuar dependiendo de un sistema de retroiluminación, no puede replicar ese comportamiento: siempre existe cierta luz residual, especialmente en escenas muy oscuras, pero el diminuto tamaño hace que ese control de la iluminación haya mejorado mucho con respecto al MiniLED e incluso al Micro LED.
A cambio, Micro RGB elimina el riesgo de quemado inherente a las pantallas OLED, permitiendo alcanzar un mayor nivel de brillo y ofrece una mayor estabilidad a largo plazo. Son ventajas relevantes en televisores muy grandes, en usos intensivos o en entornos luminosos, donde el OLED continúa teniendo limitaciones físicas, aunque ha mejorado mucho sus prestaciones con los paneles de última generación.
Más que una sustitución, Samsung plantea el Micro RGB como una segunda vía premium, paralela a QD-OLED, con fortalezas distintas y orientada a públicos y formatos diferentes.
Uno de los retos de Micro RGB es gestionar miles de emisores RGB de forma eficiente. Para ello, Samsung ha anunciado en el CES el desarrollo de nuevos motores de procesamiento como Micro RGB AI Engine, encargados de analizar la imagen en tiempo real y ajustar brillo, color y contraste por zonas en estos nuevos paneles.
Este procesamiento avanzado busca minimizar los efectos clásicos del LCD como el blooming y mejorar el detalle en sombras, sin prometer los negros absolutos de un panel autoemisivo. Es un ejemplo claro de cómo el salto de calidad ya no depende solo del panel, sino de la electrónica que lo gobierna.
Samsung ya presentó en 2025 un televisor con esta tecnología con una diagonal de 115 pulgadas, pero en el CES de 2026 ha dado un paso más allá en el desarrollo de los paneles Micro RGB creciendo hasta las 130 pulgadas.
Este formato de pantalla gigante funciona más como un escaparate tecnológico del potencial de la tecnología Micro RGB con el que Samsung saca músculo demostrando que ya en sus primeras versiones de panel es capaz de llegar a tamaños donde el OLED no alcanza, pero no es el destino final de la tecnología.
Samsung ha dejado claro que su intención es llevar Micro RGB a tamaños inferiores a partir de 55 pulgadas a lo largo de 2026, algo que encaja con su estrategia de diferenciación frente a otros fabricantes centrados casi exclusivamente en OLED.
Aquí aparece el principal obstáculo: el coste de producción. Al tratarse de una tecnología nueva, con micro-LEDs RGB de alta precisión y procesos de ensamblaje complejos, fabricar un panel Micro RGB es hoy más caro que producir un OLED convencional, incluso que los QD-OLED que monta la gama S90 de la marca.
Para que Micro RGB tenga recorrido comercial real en tamaños domésticos (entre las 55 y las 77 pulgadas), Samsung necesita abaratar la fabricación y simplificar procesos. Solo entonces podrá competir en precio con OLED y Mini LED de gama alta, algo que no ocurrirá de forma inmediata.
A medida que se analizan sus implicaciones, Micro RGB encaja como parte de una estrategia más amplia de Samsung: no depender de un único tipo de panel en el segmento premium.
Samsung ya compite en QD-OLED, mantiene una posición fuerte en Mini LED y ahora añade una tercera opción que combina brillo, volumen de color y escalabilidad en tamaño.
Micro RGB no busca destronar al OLED, sino ocupar un espacio propio entre los LCD premium y las tecnologías OLED. Si Samsung logra reducir costes y trasladar esta tecnología a tamaños más pequeños, no cambiará solo su catálogo, sino también el equilibrio actual de un mercado que parecía haberse decantado casi por completo por las nuevas tecnologías de OLED avanzadas.
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